No sé cuántos son los Reyes Magos

Alguien podría pensar que soy una perezosa porque hace un montón de tiempo que no publico una entrada en el blog, pero no es cierto. Hace unas tres semanas preparé un texto interesante hablando de los Reyes Magos. Fantaseaba con que era uno de ellos  y entraba sigilosamente por las ventanas, tratando de que el saco no hiciera ruido al apoyarlo en el suelo como le pasaba a Melchor que, rechazando las ofertas de ayuda, se empeñaba en cargarlo él solo a pesar de los años.  Después de colocar los regalos, nos escondíamos los polvorones y las peladillas,  y vaciábamos  en alguna maceta las copitas de licor que nos habían dejado. No es esa una noche para conducir despistados -aunque reconocía que, en realidad, nadie sabe a ciencia cierta cómo nos trasladamos, ni siquiera nosotros mismos-.

Por eso no me entretenía en explicar cómo llegábamos. Simplemente, aparecíamos allí y nos agazapábamos como chiquillos para mirar por la rendija de la puerta. Puede parecer increíble, pero ¡la habitación era idéntica a la que dibujó Emilio en nuestro cuento!  Camitas diminutas, una al lado de la otra,  iluminadas al ras por la luz de la luna; unos durmiendo del derecho, otros del revés,  cada uno con sus sueños (aunque esos no se ven). Era tan real que hasta la barba postiza y el falso manto de armiño me picaban a rabiar pero no me los quitaba por miedo a que se rompiera el hechizo… porque nosotros estábamos allí y en nuestras manos lo teníamos todo y eso es una gran responsabilidad.  Lo que pasa es que estábamos tan apretados, unos encima de otros, peleándonos todos por mirar, que no pude colgar el texto en el blog.

No pude hacerlo porque no nos podía contar ¡No sabía cuántos éramos! No sabía cuántas personas habían decidido hacer de Reyes Magos para los niños de Gansú comprando nuestro cuento. Ya sé que podría haber dado una cifra aproximada pero ¿quién soy yo para quitar a un solo rey mago de sus puertas?

Hoy sé que, de los cuatro mil setecientos ejemplares que mandamos imprimir,  ¡no nos queda ni uno en los almacenes! ¡Eso es una gran noticia! Pero no sé cuántos realmente se han vendido y cuántos están aún apilados en las tiendas, a lo mejor  debajo de decenas de cajas de material de Hannah Montana. Podría saber cuánto hemos recaudado pero no lo sé, podría saber cuánta gente lo ha comprado, pero no lo sé  ¡Y esto me pone muy nerviosa porque  sigo sin poder calcular cuántos somos los Reyes Magos!

Por eso no puedo colgar mi texto.

Ana F.

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