¿Qué tiempo hará en Gansú?

Algunas noches consigo mantenerme despierta cuando todos están durmiendo. Entonces lo apago todo, la tele, las luces, el cargador del móvil, y me tumbo en el sofá, enrollada en una manta, y saboreo con gusto esos tragos de silencio calentito. Frente a mí, la ventana me deja disfrutar de las luces de otras casas, de algunas voces que parecen haberse quedado sueltas como los hilos del bajo de una falda, y durante un rato sólo soy yo, ni madre, ni esposa, ni nada; sólo yo.  Sin embargo, esta noche ha sido distinto porque, a través del cristal, entraba una luz blanca y esponjosa. Claro, desde las cinco de la tarde nevando, parecía como si la luna llena se hubiera desparramado por el suelo.  Me quedé un rato embobada mirando caer sus vertiginosos pedacitos y deseando que no cesara y  que mañana por la mañana no pudiéramos salir de casa y nos quedáramos todos juntos disfrutando de la nieve ¡Cuánta fortuna!, pensé. Y entonces me asaltó: ¡pam!, sin previo aviso , la pregunta: ¿Qué tiempo hará en Gansú? Tuve que quitarme la manta y levantarme, tuve que encender las luces y sentarme ante el ordenador. Tuve que hacerlo. Tecleé la pregunta en google y naturalmente obtuve la respuesta: máxima de -4º y mínima de -17º ¡Qué frío!, de nuevo pensé. Menos mal que ahora allí es de día. ¿Tendrán calefacción? ¿Mantas? ¿Jerseys y calcetines de lana? Tienen que abrigarles bien. ¡Tienen que hacerlo  hasta que lleguemos con sus corazones nuevos!

A veces odio Internet.

Ana F.

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3 comentarios to “¿Qué tiempo hará en Gansú?”

  1. el padrino Says:

    Ana la verdad, cada día me gustan más tus coemtnariosy sobre todo la forma de comunicarlo.

  2. Juan Carlos Says:

    Nuestra hija Sandra está con nosotros desde hace un año y antes pasó otro en Nanchang: 8º de mínima y 17º de máxima; al menos las niñas que siguen allí no tendrán tanto frio como las de Gansú…

    El libro es una joya. Gracias por hacerlo realidad.

    Juan Carlos—

  3. Mi hija, Carla Xiao, es de Gansú. Ya lleva con nosotros tres años y aún recuerdo aquel viaje de ensueño a su lejana región. Curiosamente, apesar de que era febrero, no pasamos nada de frío y no vimos nevar hasta el último día en el que Lanzhou amaneció cubierta de un precioso manto blanco a modo de despedida.
    Hoy me alegro que la recudación de este proyecto vaya destinada a ayudar a los niños, que como mi pequeña, nacieron en esa castigada región de China.

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